Dentro escuchó muchos ruidos: gritos, trastes cayendo, sillas volcándose, y pensó: "Esos niños están haciendo un destrozadero!! mejor atraparlos ahorita antes de que hagan tanto ruido que atraigan la atención de quien sea que viva aquí" y al abrir la puerta, se encontró con una anciana, que tenía agarrado a un niño, colgando del tobillo.
La anciana le dijo: "Hey tú... que haces aquí? ¡esta parte del bosque me pertenece!" Como al lobo no le gustaba que le gritaran, le tiró un mordisco, que la anciana esquivó, mientras decía: "Ah!! con que esas tenemos!! con que quieres comerme, ¿eh? a mí, que soy la bruja más poderosa de este bosque?!! pues ahora verás, esto te enseñará a no meterte con la bruja más poderosa de este bosque!!" y tras un agitar de su mano (la que estaba libre), y unas palabras mágicas, se oyó un tremendo ZAZ! y una luz cegadoramente blanca inundó a todo alrededor del lobo.
Cuando todo esto paso, el lobo se dio cuenta que no había sido evaporado (tal como él pensaba que iba a pasar)... sólo se sentía más pachoncito, un poco gordito, y más lisito que antes... se dio cuenta que tenía un olor más dulce también, y le pareció agradable... no se dio cuenta que la bruja, que era aficionada a utilizar su magia para crear dulces (de ahí que su casa estuviera hecha de galletas y demás golosinas), y que todo él había sido convertido en Bombón... y de ahí nace la leyenda del Lobo Bombón...
Érase una vez, 3 cochinitos que vivían en el bosque, cada uno en su propia casita, que cada uno de ellos construyó. El papá cochinito les dijo a sus hijos que debían hacer su casita lo más resistente posible, para que el lobo feroz no pueda tumbarla. Sin embargo, el más pequeño de los cochinitos, a quien le gustaba mucho jugar, decidió que no quería tardar mucho en hacer su casita y la hizo de paja, para poder irse a jugar. Su hermano de en medio, a quien le gustaba comer, decidió hacerla de madera, y al terminar se pudo ir a jugar con su hermano y comer manzanas. El más grande de los hermanos, un cochinito responsable y trabajador, hizo su casita de ladrillo y mortero, construyendo una cimentación fuerte y una estructura resistente de concreto y varillas. A pesar de que tardó mucho en construirla y le costó mucho trabajo, él tenía la casita más resistente de todas.
Un día, los 2 cochinitos más pequeños estaban jugando en el bosque, cuando de repente escucharon unos ruidos en un arbusto. De detrás del arbusto salió un lobo grande y feroz, ¡que les rugió muy fuerte! los 2 cochinitos corrieron despavoridos hacia sus casitas, y se encerraron ahí, esperando que el lobo feroz no los pudiera atrapar.
De repente, alguien tocó a la puerta del cochinito más pequeño, y dijo con voz ronca: "Ábreme la puerta. Ábreme la puerta o soplare y soplare y tu casa derribare". El cochinito, confiando en que la paja de su casita estaba muy bien entrelazada, le contesto: "Sopla lo que quieras, que mi casa es muy resistente". El lobo Bombón agarro mucho aire, tanto como sus pulmones pudieron soportar, y soplo lo más fuerte que pudo. La casita de paja salió volando por los aires, y el cochinito, asustado, corrió y corrió hacia la casita de madera su hermano, con el lobo bombón pisándole los talones. Mientras corría, el cochinito percibió un olor dulce, y se dijo a sí mismo: "mmmm!! que rico huele... que extraño, pero se me antojaron mucho unos bombones".
En la casa de madera, de nuevo se repitió la escena: el Lobo bombón toco a la puerta y rugió: "Ábreme la puerta. Ábreme la puerta o soplare y soplare y tu casa derribare". El cochinito mediano, confiado en sus habilidades como carpintero y en los fuertes clavos que sostenían la madera de su casa, le dijo: "Sopla lo que quieras, que mi casa es muy resistente". De nuevo el Lobo Bombón lleno sus pulmones con todo el aire que pudo, y soplo tan fuerte que las tablas de madera de la casita salieron volando, dejando solo una puerta y su marco en su lugar. El cochinito mediano, extrañado, le pregunto a su hermano: "Espera... ¿acaso no huele a...? cuando en ese momento el lobo bombón rugió y salió de detrás de la puerta, y casi casi alcanzaba a los cochinitos, que corrieron a la casita de su hermano mayor, tan rápido como sus pequeñas piernitas de cochinito les permitían.
En la casita de ladrillo del hermano mayor, El lobo bombón, que llego bofeado de tanto correr, toco la puerta y les grito a los cochinitos: "Ábreme la puerta. Ábreme la puerta o soplare y soplare y tu casa derribare". El cochinito mayor, que sabía que su casita de ladrillo con ventanas de vidrio templado resistiría cualquier cosa que el lobo pudiera usar, le dijo: "Sopla lo que quieras, que mi casa es muy resistente". El lobo bombón lleno sus pulmones de bombón con tanto aire como pudo, y soplo con todas sus fuerzas... y la casa se resistió. En el interior, los cochinitos se sentían seguros al ver que el aire del lobo no hacía nada contra la casita. El hermano mayor olfateo con fuerza y les dijo a sus hermanos: "oigan... acaso no huele a..." y los 3 contestaron al mismo tiempo: "Bombones!!!"
En el exterior, el lobo bombón se estaba quedando sin fuerzas: había soplado y soplado, pero la casa no había derribado. Estaba agarrando aire por última vez, cuando de repente se abrió la puerta. El lobo, extrañado, se quedó pasmado, viendo como los cochinitos se le acercaban lentamente. De la boca de los cochinitos destilaba saliva, como si algo hiciera que se les hiciera agua la boca, y en su mirada se veía un brillo que el lobo no reconocía: no era el miedo habitual que siempre veía en ellos... casi parecía... ¡hambre!
Los 3 cochinitos gritaron: "Este no es el Lobo Feroz... es el Lobo Bombón!!!" y corrieron tras el lobo, que al darse cuenta que se lo querían comer, corrió y corrió tan rápido como sus piernitas de bombón le permitieron, de regreso a su madriguera... esperando que sus paredes de ramitas aguanten contra los soplidos de 3 cochinitos hambrientos.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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Este cuento se me ocurrió un día en diciembre, cuando íbamos en el carro rumbo a la escuela y estábamos cantando villancicos. mientras cantábamos "El niño del tambor", Leo, que venía chiqueado y no venía de muy buen humor, se equivocó en la letra, y en lugar de cantar "ropo pom pom" cantó: "lobo bombom"... le dije: "¿dijiste lobo bombón? ¿qué es un lobo bombón?" y nos reímos mucho. Aprovechando el cambio de humor, le dije: "¿Te cuento el cuento del lobo bombón?"
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