Hace mucho mucho tiempo, en una granja muy muy lejana, vivía un gallo muy triste.
La tristeza del gallo se debía a que por las mañanas se subía al establo más alto, y para despertar a todos, en lugar de cantar les declamaba poesía... Era un desastre!! Los demás animales de la granja, en lugar de despertar, dormían más profundamente, y nadie despertaba a tiempo para hacer sus quehaceres, y todos echaban la culpa de esto al pobre gallo.
Un día, mientras estaba muy triste sentado en el césped, se le acercó un borrego de la granja.
-¿Que pasa, Gallo? ¿Por qué estás tan triste?- preguntó el borrego, muy preocupado por su amigo.
-Ay borrego, ya no sé que hacer- contestó el gallo, mientras pateaba una piedrita - Mi abuelo me enseñó desde que era yo un pollito, que la fuerza y el valor de nosotros los gallos se encuentra en nuestro canto... pero con eso de que no sé cantar, pensé que quizá declamando un buen poema podría compensar las cosas... Pero no despierto a nadie por las mañanas con mi poesía, y me siento completamente fuera de lugar. Yo soy el gallo de esta granja, y es mi trabajo despertar a todos, pero mientras no sepa cantar, nadie despertará a tiempo por las mañanas. Creo que lo mejor será que me vaya, para que otro gallo pueda ocupar mi lugar.
-Ay borrego, ya no sé que hacer- contestó el gallo, mientras pateaba una piedrita - Mi abuelo me enseñó desde que era yo un pollito, que la fuerza y el valor de nosotros los gallos se encuentra en nuestro canto... pero con eso de que no sé cantar, pensé que quizá declamando un buen poema podría compensar las cosas... Pero no despierto a nadie por las mañanas con mi poesía, y me siento completamente fuera de lugar. Yo soy el gallo de esta granja, y es mi trabajo despertar a todos, pero mientras no sepa cantar, nadie despertará a tiempo por las mañanas. Creo que lo mejor será que me vaya, para que otro gallo pueda ocupar mi lugar.
-Nada de eso- le dijo el borrego, con un tono de voz firme pero amistoso - lo único que necesitas es aprender a cantar, y yo tengo justo lo que te hace falta. En las montañas viven mis primos, los borregos cimarrones. Son famosos por su fuerte voz y su hermoso canto. Estoy seguro que si les dices que vas de mi parte, te enseñarán todo lo que saben
-¿De verdad lo crees?- preguntó el gallo, que de repente sentía que un rayo de esperanza le iluminaba el camino
-¡Pues claro! Pero no hay tiempo que perder. Empaca tus cosas ahora mismo, porque tienes un largo camino por delante.
-¿De verdad lo crees?- preguntó el gallo, que de repente sentía que un rayo de esperanza le iluminaba el camino
-¡Pues claro! Pero no hay tiempo que perder. Empaca tus cosas ahora mismo, porque tienes un largo camino por delante.
Y así, siguiendo las instrucciones del borrego, el gallo empacó víveres para el camino, junto con dos cambios de ropa (uno de ellos abrigado, pues en las montañas hace frío) y unas botas para escalar. Lo metió todo en su morralito, y emprendió el camino hacia la montaña, lleno de ilusión y con muchas ganas de aprender.
Para llegar a la montaña de los Borregos Cimarrones Cantores, el gallo tenía que atravesar un bosque muy misterioso, lleno de peligros. Cuando llegó al bosque, casi se regresaba, pues las ramas de los árboles estaban tan cerradas que apenas pasaba la luz del sol, haciendo muy oscuro el camino. Sin embargo, se armó de valor y, después de dar los primeros pasos, se dio cuenta que en realidad no había nada a que tenerle miedo. No podía estar más equivocado.
Cuando iba a la mitad del camino, escuchó unas ramitas que se quebraban por detrás de él. Se detuvo, volteó su cuello lentamente hacia ambos lados para ver si vislumbraba algo, lo que fuera que hizo ese ruido... Sin embargo no vio nada. Siguió avanzando con mayor cautela, cuando de repente oyó el sonido de ramas moviéndose. Esta vez estaba seguro de haberlo escuchado, porque se oyó mas cerca.
-¿Quien está ahí? - grito al aire, y el sonido de su voz le dio más valor, como sabía que sucedería.
De entre las ramas, apareció un oso, grande y gris, con unos dientes filosos asomando por su hocico. El gallo, que sabía que el valor de todos los gallos estaba en su canto, tomó mucho aire... Y se puso a declamar el poema más corto que se le ocurrió.
El oso, que definitivamente no se esperaba que le echaran a Neruda en la cara, rugió fuertemente, a lo que el gallo recapacitó, dio media vuelta y corrió veloz como el viento. El oso lo siguió lo mejor que pudo, sin embargo, un gallo puede correr de maneras que un oso no puede imitar, además de caber por lugares donde el cuerpo del oso se lo impediría. Una hora después de ir corriendo como si su vida dependiera de ello, el gallo se dio cuenta que ya nadie lo seguía, por lo que se recargó en un tronco a descansar y recuperar el aire. De repente, sintió como si muchos ojos lo miraran fijamente, y cuando guardó silencio, escuchó claramente: aaauuuuuuu... Lobos! De nuevo corrió, y fue una cosa buena, porque inmediatamente sintió que lo seguían, y al voltear hacia atrás vio un grupo de seis lobos a la caza. Después de otra hora de ir a toda carrera, se dio cuenta que los lobos ya no le seguían, y se permitió unos momentos para descansar. Gracias al cielo los gallos tenían tan buena condición física.
Después de atravesar el bosque, llegó al pie de la montaña. Ahí se puso a buscar un guía, ya que la montaña era muy grande, y el gallo no tenía ni idea de donde podría estar la aldea de los Borregos Cimarrones Cantores. Encontró una cabra, que había bajado de la montaña para visitar a unos familiares, y ahora iba de regreso a su casita en la cima de la montaña.
-Con gusto te guiaré a la aldea que buscas - dijo la cabra, que brincaba de un lado para otro y no se estaba quieta - aunque debo advertirte que el camino de subida es muy peligroso, y esos Borregos Cimarrones Cantores son muy quisquillosos, y normalmente no dejan entrar a nadie que no sea de su especie.
- No te preocupes por eso - contestó el gallo, lleno de valentía - vengo preparado con botas para escalar. Y en cuanto a los Borregos, creo que conmigo van a hacer una excepción.
Y así, siguiendo cuidadosamente las instrucciones de la cabra, el gallo subió y subió a lo largo de los senderos de la montaña, que no siempre eran fáciles de seguir. En ocasiones hacia muchísimo frío, y se le ponía la piel de... de... de la manera que se pone la piel cuando hace mucho frío. Mientras llegaban a lo mas alto de la montaña, una gran ventisca los atrapó, y había tanta nieve a su alrededor que no veían claramente. La cabra le dijo al Gallo que lo mejor seria regresar.
- De ninguna manera - le dijo el Gallo, sacando el pecho con altivez - he venido desde muy lejos y he tenido que sobrepasar muchos obstáculos para llegar hasta aquí. No me rendiré ante una simple tormenta.
- Nada de simple - contestó la cabra - pero si te empeñas en seguir, tenemos que encontrar refugio, o lo que encontrarán los caminantes serán dos paletas de hielo en forma de cabra y gallo.
Y así, los dos caminantes encontraron una cueva para resguardarse de la tormenta. Una vez pasada la tempestad, y después de otra jornada de camino, por fin llegaron hasta la aldea de los Borregos Cimarrones Cantores, los cuales acogieron al gallo con brazos abiertos una vez el gallo les dio los saludos de su primo en la granja.
Pasó mucho tiempo, durante el cual el Gallo se esmeró en aprender todas las lecciones que le dieron, y después de mucho practicar, cuando los Borregos consideraron que el Gallo había llegado a conocer todos los secretos del canto, le dieron al Gallo su Diploma de Graduación y lo enviaron de regreso a su Granja, para que ejerciera su trabajo como Gallo de Granja.
El Gallo iba contentísimo. Ni siquiera necesito ayuda para bajar de la montaña, y a la hora de entrar al bosque no dudo nada, porque ahora sabia cantar, y sabia que su canto era la fuente de su fuerza y poder. No se encontró a los lobos, pero cuando pasó cerca de la cueva del oso, escucho un gruñido fuerte y gutural detrás de él. Muy despacio, el Gallo se dio la vuelta, tomó mucho aire, y cantó tan fuerte como pudo. El Oso se quedó perplejo ante semejante canto, y el Gallo, contento con el resultado, siguió su camino hacia su granja... hacia su hogar.
El Gallo llegó a su Granja de noche. Se acomodó en su casita, pero como no quería que se le pasara la hora de despertar a todos, decidió quedarse despierto hasta ver las primeras luces del sol aparecer por el horizonte. Entonces, lleno de valentía y recordando todas las lecciones que le dieron sus maestros Borregos Cimarrones Cantores, subió a la parte mas alta del establo, agarró mucho aire, y entonó, lo mas fuerte que pudo:
"¡¡¡Beeee eeee eeeeeeee eeeee Beeeeee eeeeeeee eeeeeeee!!!"
- Nada de simple - contestó la cabra - pero si te empeñas en seguir, tenemos que encontrar refugio, o lo que encontrarán los caminantes serán dos paletas de hielo en forma de cabra y gallo.
Y así, los dos caminantes encontraron una cueva para resguardarse de la tormenta. Una vez pasada la tempestad, y después de otra jornada de camino, por fin llegaron hasta la aldea de los Borregos Cimarrones Cantores, los cuales acogieron al gallo con brazos abiertos una vez el gallo les dio los saludos de su primo en la granja.
Pasó mucho tiempo, durante el cual el Gallo se esmeró en aprender todas las lecciones que le dieron, y después de mucho practicar, cuando los Borregos consideraron que el Gallo había llegado a conocer todos los secretos del canto, le dieron al Gallo su Diploma de Graduación y lo enviaron de regreso a su Granja, para que ejerciera su trabajo como Gallo de Granja.
El Gallo iba contentísimo. Ni siquiera necesito ayuda para bajar de la montaña, y a la hora de entrar al bosque no dudo nada, porque ahora sabia cantar, y sabia que su canto era la fuente de su fuerza y poder. No se encontró a los lobos, pero cuando pasó cerca de la cueva del oso, escucho un gruñido fuerte y gutural detrás de él. Muy despacio, el Gallo se dio la vuelta, tomó mucho aire, y cantó tan fuerte como pudo. El Oso se quedó perplejo ante semejante canto, y el Gallo, contento con el resultado, siguió su camino hacia su granja... hacia su hogar.
El Gallo llegó a su Granja de noche. Se acomodó en su casita, pero como no quería que se le pasara la hora de despertar a todos, decidió quedarse despierto hasta ver las primeras luces del sol aparecer por el horizonte. Entonces, lleno de valentía y recordando todas las lecciones que le dieron sus maestros Borregos Cimarrones Cantores, subió a la parte mas alta del establo, agarró mucho aire, y entonó, lo mas fuerte que pudo:
"¡¡¡Beeee eeee eeeeeeee eeeee Beeeeee eeeeeeee eeeeeeee!!!"