martes, 8 de enero de 2019

El gallo que no sabia cantar

Hace mucho mucho tiempo, en una granja muy muy lejana, vivía un gallo muy triste.
La tristeza del gallo se debía a que por las mañanas se subía al establo más alto, y para despertar a todos, en lugar de cantar les declamaba poesía... Era un desastre!! Los demás animales de la granja, en lugar de despertar, dormían más profundamente, y nadie despertaba a tiempo para hacer sus quehaceres, y todos echaban la culpa de esto al pobre gallo.

Un día, mientras estaba muy triste sentado en el césped, se le acercó un borrego de la granja.
-¿Que pasa, Gallo? ¿Por qué estás tan triste?- preguntó el borrego, muy preocupado por su amigo.
-Ay borrego, ya no sé que hacer- contestó el gallo, mientras pateaba una piedrita - Mi abuelo me enseñó desde que era yo un pollito, que la fuerza  y el valor de nosotros los gallos se encuentra en nuestro canto... pero con eso de que no sé cantar, pensé que quizá declamando un buen poema podría compensar las cosas... Pero no despierto a nadie por las mañanas con mi poesía, y me siento completamente fuera de lugar. Yo soy el gallo de esta granja, y es mi trabajo despertar a todos, pero mientras no sepa cantar, nadie despertará a tiempo por las mañanas. Creo que lo mejor será que me vaya, para que otro gallo pueda ocupar mi lugar.

-Nada de eso- le dijo el borrego, con un tono de voz firme pero amistoso - lo único que necesitas es aprender a cantar, y yo tengo justo lo que te hace falta. En las montañas viven mis primos, los borregos cimarrones. Son famosos por su fuerte voz y su hermoso canto. Estoy seguro que si les dices que vas de mi parte, te enseñarán todo lo que saben

-¿De verdad lo crees?- preguntó el gallo, que de repente sentía que un rayo de esperanza le iluminaba el camino

-¡Pues claro! Pero no hay tiempo que perder. Empaca tus cosas ahora mismo, porque tienes un largo camino por delante.

Y así, siguiendo las instrucciones del borrego, el gallo empacó víveres para el camino, junto con dos cambios de ropa (uno de ellos abrigado, pues en las montañas hace frío) y unas botas para escalar. Lo metió todo en su morralito, y emprendió el camino hacia la montaña, lleno de ilusión y con muchas ganas de aprender.

Para llegar a la montaña de los Borregos Cimarrones Cantores, el gallo tenía que atravesar un bosque muy misterioso, lleno de peligros. Cuando llegó al bosque, casi se regresaba, pues las ramas de los árboles estaban tan cerradas que apenas pasaba la luz del sol, haciendo muy oscuro el camino. Sin embargo, se armó de valor y, después de dar los primeros pasos, se dio cuenta que en realidad no había nada a que tenerle miedo. No podía estar más equivocado.

Cuando iba a la mitad del camino, escuchó unas ramitas que se quebraban por detrás de él. Se detuvo, volteó su cuello lentamente hacia ambos lados para ver si vislumbraba algo, lo que fuera que hizo ese ruido... Sin embargo no vio nada. Siguió avanzando con mayor cautela, cuando de repente oyó el sonido de ramas moviéndose. Esta vez estaba seguro de haberlo escuchado, porque se oyó mas cerca.
-¿Quien está ahí? - grito al aire, y el sonido de su voz le dio más valor, como sabía que sucedería.
De entre las ramas, apareció un oso, grande y gris, con unos dientes filosos asomando por su hocico. El gallo, que sabía que el valor de todos los gallos estaba en su canto, tomó mucho aire... Y se puso a declamar el poema más corto que se le ocurrió.

El oso, que definitivamente no se esperaba que le echaran a Neruda en la cara, rugió fuertemente, a lo que el gallo recapacitó, dio media vuelta y corrió veloz como el viento. El oso lo siguió lo mejor que pudo, sin embargo, un gallo puede correr de maneras que un oso no puede imitar, además de caber por lugares donde el cuerpo del oso se lo impediría. Una hora después de ir corriendo como si su vida dependiera de ello, el gallo se dio cuenta que ya nadie lo seguía, por lo que se recargó en un tronco a descansar y recuperar el aire. De repente, sintió como si muchos ojos lo miraran fijamente, y cuando guardó silencio, escuchó claramente: aaauuuuuuu... Lobos! De nuevo corrió, y fue una cosa buena, porque inmediatamente sintió que lo seguían, y al voltear hacia atrás vio un grupo de seis lobos a la caza. Después de otra hora de ir a toda carrera, se dio cuenta que los lobos ya no le seguían, y se permitió unos momentos para descansar. Gracias al cielo los gallos tenían tan buena condición física.
Después de atravesar el bosque, llegó al pie de la montaña. Ahí se puso a buscar un guía, ya que la montaña era muy grande, y el gallo no tenía ni idea de donde podría estar la aldea de los Borregos Cimarrones Cantores. Encontró una cabra, que había bajado de la montaña para visitar a unos familiares, y ahora iba de regreso a su casita en la cima de la montaña.

-Con gusto te guiaré a la aldea que buscas - dijo la cabra, que brincaba de un lado para otro y no se estaba quieta - aunque debo advertirte que el camino de subida es muy peligroso, y esos Borregos Cimarrones Cantores son muy quisquillosos, y normalmente no dejan entrar a nadie que no sea de su especie.

- No te preocupes por eso - contestó el gallo, lleno de valentía - vengo preparado con botas para escalar. Y en cuanto a los Borregos, creo que conmigo van a hacer una excepción.

Y así, siguiendo cuidadosamente las instrucciones de la cabra, el gallo subió y subió a lo largo de los senderos de la montaña, que no siempre eran fáciles de seguir. En ocasiones hacia muchísimo frío, y se le ponía la piel de... de... de la manera que se pone la piel cuando hace mucho frío. Mientras llegaban a lo mas alto de la montaña, una gran ventisca los atrapó, y había tanta nieve a su alrededor que no veían claramente. La cabra le dijo al Gallo que lo mejor seria regresar.

- De ninguna manera - le dijo el Gallo, sacando el pecho con altivez - he venido desde muy lejos y he tenido que sobrepasar muchos obstáculos para llegar hasta aquí. No me rendiré ante una simple tormenta.

- Nada de simple - contestó la cabra - pero si te empeñas en seguir, tenemos que encontrar refugio, o lo que encontrarán los caminantes serán dos paletas de hielo en forma de cabra y gallo.
Y así, los dos caminantes encontraron una cueva para resguardarse de la tormenta. Una vez pasada la tempestad, y después de otra jornada de camino, por fin llegaron hasta la aldea de los Borregos Cimarrones Cantores, los cuales acogieron al gallo con brazos abiertos una vez el gallo les dio los saludos de su primo en la granja.

Pasó mucho tiempo, durante el cual el Gallo se esmeró en aprender todas las lecciones que le dieron, y después de mucho practicar, cuando los Borregos consideraron que el Gallo había llegado a conocer todos los secretos del canto, le dieron al Gallo su Diploma de Graduación y lo enviaron de regreso a su Granja, para que ejerciera su trabajo como Gallo de Granja.

El Gallo iba contentísimo. Ni siquiera necesito ayuda para bajar de la montaña, y a la hora de entrar al bosque no dudo nada, porque ahora sabia cantar, y sabia que su canto era la fuente de su fuerza y poder. No se encontró a los lobos, pero cuando pasó cerca de la cueva del oso, escucho un gruñido fuerte y gutural detrás de él. Muy despacio, el Gallo se dio la vuelta, tomó mucho aire, y cantó tan fuerte como pudo. El Oso se quedó perplejo ante semejante canto, y el Gallo, contento con el resultado, siguió su camino hacia su granja... hacia su hogar.

El Gallo llegó a su Granja de noche. Se acomodó en su casita, pero como no quería que se le pasara la hora de despertar a todos, decidió quedarse despierto hasta ver las primeras luces del sol aparecer por el horizonte. Entonces, lleno de valentía y recordando todas las lecciones que le dieron sus maestros Borregos Cimarrones Cantores, subió a la parte mas alta del establo, agarró mucho aire, y entonó, lo mas fuerte que pudo:

"¡¡¡Beeee eeee eeeeeeee eeeee Beeeeee eeeeeeee eeeeeeee!!!"

sábado, 25 de marzo de 2017

El Lobo Bombon

Érase una vez, en un bosque muy muy lejano, iba el Lobo Feroz paseando cuando de repente, entre los árboles, vio a 2 niños caminando. Se dio cuenta que los niños (un niño y una niña) parecían perdidos, y decidió seguirlos. Antes de alcanzarlos, se dio cuenta que los niños llegaron a una casita en medio del bosque, que tenía las paredes de galleta, las puertas de chocolate y los vidrios de Azúcar Glass. Esto le pareció muy extraño al lobo, ya que estaba en un área que no conocía, y esa casita tan extraña no la había visto antes, por lo que decidió acercarse a investigar.

Dentro escuchó muchos ruidos: gritos, trastes cayendo, sillas volcándose, y pensó: "Esos niños están haciendo un destrozadero!! mejor atraparlos ahorita antes de que hagan tanto ruido que atraigan la atención de quien sea que viva aquí" y al abrir la puerta, se encontró con una anciana, que tenía agarrado a un niño, colgando del tobillo.

La anciana le dijo: "Hey tú... que haces aquí? ¡esta parte del bosque me pertenece!" Como al lobo no le gustaba que le gritaran, le tiró un mordisco, que la anciana esquivó, mientras decía: "Ah!! con que esas tenemos!! con que quieres comerme, ¿eh?  a mí, que soy la bruja más poderosa de este bosque?!! pues ahora verás, esto te enseñará a no meterte con la bruja más poderosa de este bosque!!" y tras un agitar de su mano (la que estaba libre), y unas palabras mágicas, se oyó un tremendo ZAZ! y una luz cegadoramente blanca inundó a todo alrededor del lobo.

Cuando todo esto paso, el lobo se dio cuenta que no había sido evaporado (tal como él pensaba que iba a pasar)... sólo se sentía más pachoncito, un poco gordito, y más lisito que antes... se dio cuenta que tenía un olor más dulce también, y le pareció agradable... no se dio cuenta que la bruja, que era aficionada a utilizar su magia para crear dulces (de ahí que su casa estuviera hecha de galletas y demás golosinas), y que todo él había sido convertido en Bombón... y de ahí nace la leyenda del Lobo Bombón...

Érase una vez, 3 cochinitos que vivían en el bosque, cada uno en su propia casita, que cada uno de ellos construyó.  El papá cochinito les dijo a sus hijos que debían hacer su casita lo más resistente posible, para que el lobo feroz no pueda tumbarla. Sin embargo, el más pequeño de los cochinitos, a quien le gustaba mucho jugar, decidió que no quería tardar mucho en hacer su casita y la hizo de paja, para poder irse a jugar. Su hermano de en medio, a quien le gustaba comer, decidió hacerla de madera, y al terminar se pudo ir a jugar con su hermano y comer manzanas. El más grande de los hermanos, un cochinito responsable y trabajador, hizo su casita de ladrillo y mortero, construyendo una cimentación fuerte y una estructura resistente de concreto y varillas. A pesar de que tardó mucho en construirla y le costó mucho trabajo, él tenía la casita más resistente de todas.

Un día, los 2 cochinitos más pequeños estaban jugando en el bosque, cuando de repente escucharon unos ruidos en un arbusto. De detrás del arbusto salió un lobo grande y feroz, ¡que les rugió muy fuerte! los 2 cochinitos corrieron despavoridos hacia sus casitas, y se encerraron ahí, esperando que el lobo feroz no los pudiera atrapar.

De repente, alguien tocó a la puerta del cochinito más pequeño, y dijo con voz ronca: "Ábreme la puerta. Ábreme la puerta o soplare y soplare y tu casa derribare". El cochinito, confiando en que la paja de su casita estaba muy bien entrelazada, le contesto: "Sopla lo que quieras, que mi casa es muy resistente". El lobo Bombón agarro mucho aire, tanto como sus pulmones pudieron soportar, y soplo lo más fuerte que pudo. La casita de paja salió volando por los aires, y el cochinito, asustado, corrió y corrió hacia la casita de madera su hermano, con el lobo bombón pisándole los talones. Mientras corría, el cochinito percibió un olor dulce, y se dijo a sí mismo: "mmmm!! que rico huele... que extraño, pero se me antojaron mucho unos bombones".

En la casa de madera, de nuevo se repitió la escena: el Lobo bombón toco a la puerta y rugió: "Ábreme la puerta. Ábreme la puerta o soplare y soplare y tu casa derribare". El cochinito mediano, confiado en sus habilidades como carpintero y en los fuertes clavos que sostenían la madera de su casa, le dijo: "Sopla lo que quieras, que mi casa es muy resistente". De nuevo el Lobo Bombón lleno sus pulmones con todo el aire que pudo, y soplo tan fuerte que las tablas de madera de la casita salieron volando, dejando solo una puerta y su marco en su lugar. El cochinito mediano, extrañado, le pregunto a su hermano: "Espera... ¿acaso no huele a...? cuando en ese momento el lobo bombón rugió y salió de detrás de la puerta, y casi casi alcanzaba a los cochinitos, que corrieron a la casita de su hermano mayor, tan rápido como sus pequeñas piernitas de cochinito les permitían.

En la casita de ladrillo del hermano mayor, El lobo bombón, que llego bofeado de tanto correr, toco la puerta y les grito a los cochinitos: "Ábreme la puerta. Ábreme la puerta o soplare y soplare y tu casa derribare". El cochinito mayor, que sabía que su casita de ladrillo con ventanas de vidrio templado resistiría cualquier cosa que el lobo pudiera usar, le dijo: "Sopla lo que quieras, que mi casa es muy resistente". El lobo bombón lleno sus pulmones de bombón con tanto aire como pudo, y soplo con todas sus fuerzas... y la casa se resistió. En el interior, los cochinitos se sentían seguros al ver que el aire del lobo no hacía nada contra la casita. El hermano mayor olfateo con fuerza y les dijo a sus hermanos: "oigan... acaso no huele a..." y los 3 contestaron al mismo tiempo: "Bombones!!!"

En el exterior, el lobo bombón se estaba quedando sin fuerzas: había soplado y soplado, pero la casa no había derribado. Estaba agarrando aire por última vez, cuando de repente se abrió la puerta. El lobo, extrañado, se quedó pasmado, viendo como los cochinitos se le acercaban lentamente. De la boca de los cochinitos destilaba saliva, como si algo hiciera que se les hiciera agua la boca, y en su mirada se veía un brillo que el lobo no reconocía: no era el miedo habitual que siempre veía en ellos... casi parecía... ¡hambre!

Los 3 cochinitos gritaron: "Este no es el Lobo Feroz... es el Lobo Bombón!!!" y corrieron tras el lobo, que al darse cuenta que se lo querían comer, corrió y corrió tan rápido como sus piernitas de bombón le permitieron, de regreso a su madriguera... esperando que sus paredes de ramitas aguanten contra los soplidos de 3 cochinitos hambrientos.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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Este cuento se me ocurrió un día en diciembre, cuando íbamos en el carro rumbo a la escuela y estábamos cantando villancicos. mientras cantábamos "El niño del tambor", Leo, que venía chiqueado y no venía de muy buen humor, se equivocó en la letra, y en lugar de cantar "ropo pom pom" cantó: "lobo bombom"... le dije: "¿dijiste lobo bombón? ¿qué es un lobo bombón?" y nos reímos mucho. Aprovechando el cambio de humor, le dije: "¿Te cuento el cuento del lobo bombón?"

viernes, 10 de marzo de 2017

Del inicio de mis invenciones

Tengo un hijo muy curioso, a quien le encantan los cuentos. Desde pequeño, le fui leyendo algunos cuentos, otros le fui contando de memoria, sobre todo los clásicos que iba recordando. Fue una experiencia muy divertida, porque me hacía recordar mis propios tiempos de infancia, en los que mis papás me contaban a mí los cuentos, y yo dejaba volar mi imaginacion.

Tengo 2 hijos: Leo, de casi 5 años, y Daphne, de apenas 1 año. A Leo le he comprado algunos libros de cuentos, los cuales procuramos ir leyendo poco a poco a la hora de dormir. Gracias a esto (y a esa gran imaginacion que ha ido desarrollando) en Leo he ido formando una mente ávida de nuevos cuentos. El problema (o debo decir reto) empezó a aparecer durante los trayectos en carro, en los que me decia: "Papá... cuentame un cuento", a lo que normalmente contestaba con el de los 3 cochinitos, o caperucita roja, rapunzel, o su favorito, Hansel y Gretel... pero llegó el momento en que ya se sabía estos cuentos, y quería cuentos nuevos... por lo que tuve que recurrir a toda mi astucia y exprimir lo más posible mis neuronas para empezar a contarle cuentos inéditos... generalmente utilizando los personajes que él mismo conocía, así que empecé a contarle el de los 3 cochinitos con un "cameo" de la caperucita roja, o el de "los 3 lobitos y el puerquito feroz"... o incluso utilizando los personajes de los monitos con los que él jugaba, como los superheroes Hulk, Spiderman, etc...

Y así es como empezó un ejercicio muy interesante para mí, en donde tenía que trabajar para ir inventando cuentos, a un ritmo casi diario... y ha sido tremendamente divertido!!

Ayer, platicando con Laura (mi esposa) le comenté que hay algunos cuentos de los que estoy verdaderamente orgulloso... cuentos de 3 partes (por que el trayecto de casa a la escuela es a veces corto, y el cuento se queda incompleto), muy elaborados, en donde hasta yo me entretengo... y también hay otros cuentos que vamos inventando entre Leo y yo... y le dije que me parecía una lástima que después de contarlos, ya no los recordara. Así que se me ocurrió la idea de empezar a documentarlos.

Y así llegamos a este Blog. Esta es la 1ra entrada. Haré mi mejor esfuerzo para ir escribiendo los cuentos que se nos van ocurriendo, con la intención de recordarlos después. Quizá no sean los más elaborados ni los más ingeniosos, y yo ciertamente no soy para nada un escritor profesional, pero han sido parte importante de mi relación con mis hijos (por lo pronto Leo, pero en cuanto Daphne pueda entenderlos la incluiremos en esta locura también), y espero que este blog pueda ir creciendo cada vez mas con las distintas historias que se nos van ocurriendo.

No sé escribir Blogs... no sé si, como en una carta, deba despedirme de mi supuesto lector, o si simplemente lo termino, así que me inclinaré por la opción más "educada", y les diré: Hasta pronto, y espero que los cuentos que aquí encuentren los hallen tan divertidos como fue para nosotros crearlos.